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Sobre la obligatoriedad del uso de chaleco antibalas.

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Hugo Rangel Vargas

El gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo, promulgó en días pasados un decreto que obliga a los ciudadanos de la entidad que gobierna a mantenerse confinados en sus viviendas, salvo casos contemplados en la propia normativa, so pena de multas y castigos como el confinamiento en centros de aislamiento.

El decreto, impugnado por un grupo de destacados juristas, obliga a los michoacanos también al uso de cubrebocas, muy a pesar de que las autoridades sanitarias han señalado el limitado efecto que este utensilio tiene en la contención de la pandemia, dado que el nuevo coronavirus se puede transmitir también por los ojos, y sin embargo, su demanda masiva puede derivar en escasez y el desabasto del mismo en los nosocomios.

La apocalíptica pandemia del coronavirus ha servido para que políticos de distinto signo ideológico pongan en marcha sus imposturas protagónicas en el país y que utilicen la alarma mediática que se ha desatado a nivel mundial para prever el fin de la nación.

En Europa, pero sobre todo en Estados Unidos, la gravedad del coronavirus está definida por un contexto en el que el covid – 19 se puede colocar como una de las principales causas de muerte de aquellos países. En el vecino del norte se estima que se perderán entre 100 y 240 mil vidas humanas, cifra que en el mejor de los escenarios se acercará a los 174 mil fallecidos durante la Segunda Guerra Mundial así como los 196 mil muertos que padeció este país durante 2016 a causa de lesiones.

En el viejo continente, de los 620 mil italianos que fallecieron en 2016, casi 25 mil fueron por causas no naturales, es decir, lesiones, cifra que ya es superada por las 25 mil 500 víctimas del covid – 19. En España la situación es más crítica y los más de 22 mil muertos por coronavirus ya casi duplican a los 12 mil muertos que tuvo la madre patria en 2016 por causas no naturales.

Si en estos tres países, los más afectados por el coronavirus en términos de número de vidas perdidas, la pandemia ha tomado tintes dramáticos; en México, pero sobre todo en Michoacán, la verdadera epidemia de las últimas dos décadas ha sido la violencia y la inseguridad. En la entidad gobernada por el “preocupadísimo” Silvano Aureoles Conejo, en 2019 el número de homicidios dolosos con arma de fuego fue de mil 296 y tan sólo en el mes de abril los muertos por la misma causa ascendieron a 79, cifra en nada equiparable a los apenas 21 fallecidos por covid – 19 desde hace más de un mes desde que se detectará el primer caso de este padecimiento en la entidad.

Si a alguien le ha venido como “anillo al dedo” la llegada de la pandemia ha sido al gobernador michoacano quien ha sacado sus dotes de histrión para montar toda una telenovela conspiracionista en contra del gobierno federal al cual ha lanzado sendos litigios mediáticos.

Pero las preocupaciones de Aureoles no eran similares cuando febrero de 2020, antes de la llegada del coronavirus a Michoacán, se habían cometido 212 asesinatos, convirtiendo a ese mes en el más violento en la historia reciente de la entidad. En aquellos días no se le ocurrió al gobernador emitir un toque de queda, ni mucho menos imponer como medida obligatoria el uso de chaleco antibalas a los michoacanos. No fue así, porque nadie monta shows contra sí mismo ni mucho menos autocuestiona su incompetencia.

Twitter: @hrangel_v

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